PROSA

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martes, 31 de diciembre de 2013

Flores en otoño


Erase una vez en el tiempo cuando los arboles pierden sus hojas y la tierra aparenta ser de color café, que un joven  pintor caminaba por calles en búsqueda de una oportunidad de sustento para su familia.


[brochas2.jpg]Desalentado y sin recursos, le regalo el dibujo a la ultima anciana que se detuvo a contemplar la faena y se marcho a su casa seguro que al día siguiente alguien contrataría su trabajo y pagaría su obra.

Estaba seguro que muchas empresas requerían de servicios tan especializados ya que con la experiencia y con el tiempo había logrado desarrollar una técnica precisa, sus dibujos estaban llenos de encanto y una sobrenatural forma de percibir las cosas. Siempre se decía: “Si no soy famoso e importante es por falta de oportunidades”.

Fuera de una tienda que se veía muy deslucida, vio a un anciano de mano temblorosa que escribía un rótulo en la pared. La idea del rotulo era argumentar sobre una oferta que a su gusto no impactaba. Se acerco prudentemente y a unos metros analizo color y forma y con una sonrisa de desdén siguió su camino pensando en que desperdicio de dinero pagarle a alguien por hacer un trabajo tan mediocre, bueno, aunque quizás la idea era ayudar a ese pobre hombre.

Contempló rótulos aquí y allá y le pareció que los negocios que los tenían se sentían satisfechos con propuestas gráficas tan simples y faltas de calidad. Incluso ni se atrevió a acercarse a proponer un cambio ya que con seguridad no tendrían la capacidad de asimilar sus fabulosas ideas.
[flores.jpg]

Después de muchas horas se sentó en la banca de un parque y en una hoja de papel sucia que encontró y con un trozo de carbón, dibujo un bello ramo de flores, tan detallado y tan complejo que parecía haber sido impreso en un fino lienzo y con los mas estilizados pinceles… fueron muchas personas quienes se detuvieron a ver su obra y sus frases de admiración eran un estimulo por encima del alimento que no podía comprar.


La anciana regreso a su hogar y coloco el dibujo cuidadosamente en una retratera, reemplazando una deslucida litografía muy vieja. La obra se veía bellísima y daba un toque distinguido a su modesta, pero bien ordenada sala.

Cuando llego su esposo, este noto de inmediato el cambio y le pregunto de donde había sacado aquel dibujo tan precioso y ella se lo contó. El anciano le dijo: “Si Dios me hubiera regalado esa habilidad, tendría mucho dinero y te hubiera hecho una mujer muy feliz”, mientras guardaba los alimentos que había pasado comprando por la abarrotería con el pago del día, ella le toco los hombros y le respondío: “me has hecho feliz y me siento orgullosa cada vez que veo tus rótulos en paredes… ayudas a que otros logren vender, además todos han leído tus frases y las repiten”... delicadamente el buen hombre beso su mano y vio con mucho amor su rostro.

© Mario Oliva 2013
 
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