Un coyote muy viejo se acerco al río para tomar agua luego de haber cazado y comido una gordita y ruidosa gallina. Aun llevaba algunas plumas color caramelo pegadas a su hocico.Sintió el fresco liquido cruzar por su garganta mientras a lo lejos se escuchaba un silbido muy suave, como si el sonido del viento rozando las hojas y mezclado con el murmullo del agua moviendo las piedras, provocaran una canción letárgica… la sensación de sueño que tuvo entre el beneficio que el agua le proveía al saciar su sed y el acompañamiento de aquella melodía natural, hizo que sus ojos comenzaran a entrecerrarse, sus parpados le parecieron muy pesados mientras seguía sorbiendo lentamente... pero pudo distinguir en la otra orilla del río el reflejo de un animal enorme, sin embargo no se veía ninguna imagen fuera del agua, únicamente la visión en la corriente, lo cual lo atemorizo muchísimo… se inclino sobre si mismo por el miedo, pero tan extraño le pareció todo que decidió pensar que quizás se había quedado dormido y que era mejor si se acostaba para hacerlo con mayor tranquilidad.
![[Gallina.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjqHQOk2zJiRJSgre1YiNuRY5Ck4JJJj0sDYUU54Kw-WAS9PRV6ww-78PKdJoi304g71sV5TbabclS4ZrsaROF_4nyjqUJtKl1I_IbUJqZTAyV0LlLqreaRzyUkDh87UGl5z0L1hoOvhcY/s320/Gallina.jpg)
Acomodo su cabeza en una piedra, se quedo viendo como la imagen del animal parecía saltar de un lado a otro… contando los segundos cerro los ojos, pero en su mente se guardaba aun la escena que le hacia creer que había allí un extraño ser que no podía ver.
Cuando despertó había comenzado a anochecer y hacia mucho frío, se incorporo y comenzó a caminar lentamente hacia su madriguera… Se encontró a un búho que torció su cabeza mientras lo veía pasar… luego una serpiente zigzagueante se cruzo casi entre sus patas… se sentía muy cansado, por ello sin saber como, llego hasta su cueva muy angosta para su deslucida figura, justo allí se dio cuenta que ya no tendría fuerzas para levantarse de nuevo y con mucha tristeza comenzó a despedirse uno a uno de sus recuerdos.
Mientras tanto en el gallinero, desde la tarde el enorme gallo rojo habían reunido a todos para imaginar nuevos planes de defensa y así prevenirse de los continuos ataques que el gran y viejo coyote siempre les hacia y que eran tan difíciles de contrarrestar dada su fuerza, galanura y valentía, la gran bestia que desde tiempos inmemoriales había hecho que las gallinas enseñaran a los polluelos con muchas horas de entrenamiento… el gran coyote era indestructible… esta vez le había tocado a “La Pardita”, pero la misma se había escapado en cientos de ocasiones… era toda una experta, la gran heroína que se habia convertido en victima, pero dejando una enseñanza imborrable de movimientos de escape que ahora todos imitaban.
© Mario Oliva 2013
