PROSA

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martes, 31 de diciembre de 2013

La mirada del cielo


Me dijo con sus ojos que debía hacer todas las cosas con emoción y me enseño que la ternura tiene color de ángel mientras sus alas de ampliaban a contraluz casi al despedirnos. Sus ojos me miraron llorosos y sus labios dibujaron un beso, mientras con su mano rozo mi brazo.

[VICTORIA.jpg]Tengo una amiga a quien deje de ver desde que éramos adolescentes. En esa época actuábamos apenas ingenuos, curiosos y bulliciosos, pero el destino quiso que compartiéramos cariño, entusiasmo, intereses y mucha alegría por vivir. Con su mirada me enseño a ser fuerte y a creer que todas las cosas se podrían hacer.  Me levanto del suelo por anticipado de muchos tropiezos que vendrían en el futuro y me inyecto fuerza de más para cuando me hiciera falta.


Nunca repare en ello hasta reencontrarla por la fuerza del destino, más de 30 años después. Han cambiado muchas cosas, la conversación tiene tanta madurez y la distancia en la cual nos encontramos viviendo cada quien, ha impedido que su mirada me diga que la vida ha tenido tanto sentido para ambos, pero recibí la foto de su bella hija Victoria, no es el color de sus ojos, no es la postura, es que su mirada es la mirada de Dios que nos dice que todo va a estar bien.

Tantas miradas nos acercan a lo superior, tantas miradas nos indican que hacer si tan solo estamos dispuestos para creer, tan solo a eso.

Las personas que merecen un lugar en nuestras vidas son tan pocas… ¡como no permitir que insistan en existir en nuestro presente¡.

© Mario Oliva 2013
 
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